Manuel de Agustín López, vio por primera vez la luz en la cercana población de San Fernando. o Isla de León en sus principios, el día 2 de agosto de 1924, en un barrio típico conocido como la Casería de Ossio, situado en el saco de la Bahía de Cádiz.
Con apenas dos meses, y por motivos de trabajo, sus padres se trasladan a Cádiz, habitando el piso de la casa número de la calle. Su infancia la pasó entre la Isla y Cádiz, ciudades que amaba con toda su alma.
En 1933, con apenas nueve años de edad, ingresa en el Colegio Valcárcel, situado frente a la Caleta; sus primeros años en Cádiz, le sirven para conocer las costumbres gaditanas, su Semana Santa, su folclore, su Caleta, etcétera. Vive los carnavales de la República, desde la observación de un niño de doce años. Carrozas profusamente exornadas con grandes coros, chirigotas alegres y bullangueras, tríos y cuartetos con “ánge y gracia pa rabiá”, que le inculcaron una gran afición y le marcaron para toda su vida. El coro “Los Pamplis” de 1935 le impresionaron tanto, que en más de una ocasión comentó: “Siempre he sentido un gran respeto por el Coro y por el Tango”. Pero sus recuerdos más agradables serían para las chirigotas y los cuartetos, entre ellos uno de Manuel López Cañamaque, titulado “¿Vamos a desarmarnos?” en el que como componentes figuraban nada menos que Salinas, Pepete, Belicas y El Mori, auténticos artistas de la improvisación. Es durante esta etapa de los años treinta, cuando se afianzan estos grupos, lo que motivó a los organizadores del Concurso Oficial de Agrupaciones a crear premios para esta modalidad.
Tras el estallido de la Guerra Civil en el verano de 1936, y como es sabido, el Carnaval quedó prohibido en toda España.
En la década de los cuarenta, algunos antiguos coristas y chirigoteros, se reunían en tiendas y cantaban viejas coplas para mantener la llama encendida de nuestro folclore. Los domingos por la mañana lo hacían en “El Pasiego, un bar con mucha solera donde se congregaban los buenos aficionados, entre ellos Manolo, que se acercaba a escuchar los tangos y cuplé de antaño.
En los años cincuenta, ingresa en el Cuerpo de Consumistas, desempeñando su cometido en el fielato de Cortadura hasta su desaparición a principios de los años sesenta, por lo que es trasladado al Ayuntamiento donde hace funciones de bedel, hasta su jubilación.
Casado con doña Carmen Granados Galdame, tuvo un hijo llamado Manuel.
Manuel de Agustín, fallecó el día 2 de junio de 1995, a los setenta años de edad. Su último domicilio fue en la calle San Roque número 7Al día siguiente, sus amigos fuÍmos a su entierro, en la iglesia de la Merced, se le despidió cristianamente, pero ninguno cumplimos lo que él deseaba, porque la tristeza de su muerte, nos apagó las risas que él tanto nos había dado.
Sus comienzos en el Carnaval lo hacen colaborando en la chirigota “Los Cirujano” en 1951, durante la década de los cincuenta escribe para buenas agrupaciones: “Los Astrónomos” 1952, “Los Dementes Caprichosos” 1953, “Los Marinos del Congo” 1954, “Los Músicos de Villaguasa” 1957, “Los Antropófagos” 1958, “Los Últimos de Pernambuco” 1959, “El Profeta Makoki y su secta del Mont Blanc” 1961.
Sería a partir de 1962 cuando, a invitación de Pedro Serrano “El Chicla”, saca el cuarteto “Los tres baturros sin el burro”. A partir de esta fecha va alternando esta modalidad con la de chirigota. En 1963 saca el cuarteto “El Abuelo y sus nietos”. Su gracia innata, con una gran capacidad de improvisación hacían que sus cuartetos tuvieran un “ange” y una gracia especial. En el trío “Macanudo, Terremoto y Pepe Cerrojo” de 1964, le acompañaba dos auténticos cuarteteros: Pedro Serrano “El Chicla” y Pedro Picón Reyes, este trío formó una revolución en el panorama carnavalesco de la época, le siguieron otros cuartetos como: “Dartacán y los tres mosqueteros” 1965, “Los Beatles de pueblos” 1967, “Los cuatro brutos del regimiento” 1968, “Los Niños de la lotería de 1800” 1971, “El Moro Juan y sus nietos” 1972, “Luis Ricardo y su conjunto” 1978, “Los Desertores de las Malvinas” 1984, y Chirigotas “Los Chicucos de Villacarriedo” 1973, “Los marinos del María sin fondo” 1974, etcétera.

Sus cuartetos y chirigotas eran esperados por el público.
Sus cuartetos y chirigotas eran esperados por el público. La censura no le importó nunca. Cantaba lo que le apetecía, por cuyo motivo en más de una ocasión fue llevado a Comisaría. El 5 de febrero de 1978 declaraba a Diario de Cádiz, “Es imposible que ninguno de nosotros pueda asustarse, porque el que más y el que menos ha ido a la prevención más de una vez por cantar cosas que, decían, no debíamos, cuando en realidad era lo que más quería la gente”.

En 1976, le fue concedido el máximo galardón del carnaval, el Antifaz de Oro. Manolo fue el creador de un estilo nuevo de cuartetos. Sus repertorios se componían de cuplés y un popurrí, incluyendo, a veces en estos últimos, entre músicas, una pequeña parodia improvisada. Se acompañaba de dos cáscaras de coco que hacía sonar para dar la introducción a los cuplés. Él quería hacer reír siempre y comentaba: “Hasta que me muera. Y cuando llegue ese día no quiero tristezas. A mi entierro que vayan los comparsistas con el bombo, la caja, los pitos. Porque se había muerto un comparsista que así lo deseó”
